MACRI INVENTÓ LA ALIANZA PARA NO ADMITIR LA DERROTA FRENTE A MASSA El balotaje no se trata de amontonar votos, sino de fortalecer al candidato competitivo para la segunda instancia. Milei, no da la talla y el PRO, lo sabe.

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Mauricio Macri es hábil en los GOLPES DE EFECTO, el miércoles sabía que su situación personal y política es muy peligrosa de cara a una presidencia peronista. En consecuencia, al ya deslegitimado Milei y a la gran perdedora electoral de Patricia Bullrich, los juntó para disimular la pérdida del capital político de la ultraderecha.

Un electorado que no se siente cómodo con el caos, hizo saber el 22 de octubre que hay un límite para la aparente locura que se propuso el Black Rock desatar en una Argentina que tiene las perspectivas de acomodar el rumbo económico en medio de las crisis que la Geopolítica expone en un mundo trazado por la guerra de los recursos estratégicos. Ni Milei, ni mucho menos Macri, serían los mejores timoneros en las tormentas que se avecinan. Uno por inestable emocional y otro por ser el que trajo de vuelta al país al FONDO MONETARIO INTERNACIONAL con el fin de beneficiarse a él y a sus aliados a costa del ENDEUDAMIENTO MÁS FUERTE EN LA HISTORIA DEL FMI.

Macri, pudo apenas doblegar la interna del PRO, tras entender que Rodríguez Larreta había perfilado mantenerse en la dirigencia cambiemita con una alianza, que a la fecha el ex presidente no pudo mantener, el radicalismo que le fuera el principal socio de JXC, desertó, no por convicciones humanistas, como intentan mediatizar, sino por las serias complicaciones que avizoran si colocan una cuota de poder en las manos que mal manejan una motosierra.

Los límites de políticos y políticas como Elisa Carrió, Martín Lousteau, Gerardo Morales, Luis Barrionuevo, por mencionar a algunos, fueron trazados no por el hecho de acordar con Milei, sino porque en el plano de lo «negociado» para tal fin, ellos no terciaron en lo más mínimo y porque ya asumen la derrota de cara al 19 de noviembre.

Sin lograr el consenso que haga de aglutinamiento duradero, la aventura electoral de una ultraderecha empecinada en revivir el fascismo en Argentina, llegó a su propio fin. Milei no era tan libre como creían, Patricia Bullrich no era tan decidida como quiso hacer ver con su traje de pistolera. Macri siempre fue el titiritero de este sector y agazapado, manejo a propios y ajenos para tapar su propia defunción dirigencial.

Entonces, el Peronismo vuelve con mayor fuerza, por haber mostrado un programa plausible de Gobierno, una coherencia que tranquiliza los mercados. A pesar de la inflación, el contener a los sectores más vulnerables, da a Sergio Massa, el manejo de un país que tiene mejores perspectivas que aquellas devenidas de una pandemia que rompió la matriz productiva mundial.

Se acaban las chicanas, el Pueblo que vota quiere un diciembre tranquilo, las vacaciones para todos y las medidas que permitan que » reine la paz y la unidad», el resto no tiene ni cabida.

Fuente: Alejandra Paredes -EDITORA-


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