BOLIVIA: EL DESTINO DE LA REGIÓN Y LAS ACECHANZAS DE EEUU Las horas del régimen, del golpismo extranjero, de sus aliados criollos y de su impunidad están contadas

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El analista político César González, describe en esta nota, la situación del Estado Plurinacional con vistas a las próximas elecciones del 18 de octubre. El comportamiento del régimen dictatorial, las internas de la derecha extranjerizante y la lucha de los sectores populares para recuperar la democracia boliviana.

¿Fraude o golpe de Estado? Estados Unidos contra la democracia del pueblo boliviano.

La maquinaria golpista yanqui está en movimiento y no lo disimulan, todo lo contrario, hacen sonar sus tambores de guerra y bruñir sus filosas espadas esperando el desenlace fatal. EEUU está dispuesto a promover una guerra civil en Bolivia antes de permitir que nuevamente triunfe el pueblo boliviano a la cabeza del MAS. El Somoza boliviano, Arturo Murillo, ministro de gobierno del régimen, ha sido convocado por el Departamento de Estado a Washington para ajustar los planes sangrientos y su corolario de muerte. Acompaña la comitiva el embajador proverbial de las masacres de octubre del 2003 y noviembre del 2019 y representante conspicuo de la dictadura en la OEA, Aparicio.

Mientras el pueblo boliviano ya tiene decidido su invariable voto en favor de la causa patriótica para alzarse con una victoria inconfundible el 18 de octubre, el imperio yanqui le ha declarado una vez más la guerra al pueblo proponiendo y promoviendo la anulación de la sigla del MAS con apoyo de sus testaferros baratos: jueces pagados, voceros oficiosos, gobierno cleptómano y genocida, periodismo corrupto y de paso la inefable OEA y el descarado apoyo de la Unión Europea y la iglesia católica, amén de otros actores del elenco violento como los comités cívicos y sus brazos armados neofascistas como la Unión Juvenil Cruceñista o la Resistencia Cochala. Todos articulados por los dólares frescos de la infamia.

Abrumados por la fuerza de una realidad inconmovible como las movilizaciones populares y las encuestas, está demostrado el retorno irreversible del pueblo al poder Frente a este veredicto implacable, ellos, los amos de siempre, han decidido una vez más que solo un nuevo golpe podría frenar el ascenso de las masas a las que consideran díscolas por su sólo deseo de conquistar su porvenir en libertad y sin que medie amo alguno.

Para impedir un nuevo agravio antiimperial que dure otros 14 años los gringos apelan a su última estrategia de proscribir la sigla del MAS para sacarlo de la competencia en la justa electoral del 18 de octubre, imponiendo nuevamente desde afuera lo que la gente ya tiene decidido dentro del país.

La proscripción del MAS no sólo apuesta a una eliminación pasajera de esta contienda electoral. Constituye una estrategia mayúscula de largo plazo que consiste en estrangular o desaparecer el movimiento popular, indígena y campesino, para que nunca más le plante cara al imperio ni al sistema capitalista Desde cualquier perspectiva se trata de un escarmiento a la tozuda manía del pueblo boliviano de querer ser una patria digna y soberana. Odian a los países pequeños que levantan la voz o se rebelan contra toda forma de dominio. Los yanquis detestan dignidades o soberanía porque son la antítesis de su supremacía. No quieren volver a ver a un país próspero, peor aún autónomo, justo, integrado e industrial. Prefieren verlo sometido, obediente, sumiso y pobre como condición para su explotación. Aman el infortunio de los otros para mostrarse benevolentes con los débiles. La miseria histórica le ha servido para legitimar su hegemonía e imponer su voluntad política convirtiendo nuestro país en una colonia cómoda y barata.

En medio de esa miseria se han exaltado las bondades imperiales bajo el lente pedagógico de una intelectualidad criolla acostumbrada a mirarse en el espejo extranjero despojado de todo decoro. El colonialismo cultural ha servido de correa de transmisión para facilitar el saqueo nacional.

Proscribir al MAS no es una jugada simple reducida a un solo país, sino que forma parte de la estrategia regional para frenar el ascenso popular en América Latina en medio de la debacle capitalista y el declive imperial pospandemia.

La proscripción de Rafael Correa en el Ecuador, el veto a Ignacio Lula Da Silva en Brasil, la persecución de Fernando Lugo en Paraguay o el exilio de Evo Morales en la Argentina forman parte de la política de los EEUU para someter a nuestros pueblos y alejarlos de su soberanía y dominio sobre sus recursos naturales. El imperio solo se sostiene sobre los pilares del vaciamiento nacional, la conducta cipaya de la derecha y el papel de gendarmes del gran capital en manos de las FFAA y la policía corrupta.

Una victoria abrumadora del MAS en Bolivia inyectaría una poderosa dosis de fuerza política impulsando proyectos de unidad y lucha inclaudicable en las masas asediadas por el hambre, la desesperación y la crisis económica en América Latina.

La victoria del MAS se convertiría en el acicate político y la demostración que una vez más es posible derrotar por la vía electoral a las derechas genocidas y rateras que lo único que han hecho es poner de rodillas el país y permitir su saqueo por el gran capital.

En Bolivia se juega el futuro de América Latina y eso lo sabe muy bien EEUU.

Por ello, USAID ha ocupado silenciosamente y con la complicidad del presidente del TSE, Salvador Romero y sus adláteres, los sistemas de conteo rápido y el sistema de cómputo. De igual forma está facilitando condiciones de trabajo político para el ejército de observadores electorales, allanando el camino a ONGs y fundaciones extranjeras y nacionales para operar, mediante encuestas inducidas, la manipulación de la opinión pública.

Está claro que la Embajada yanqui ha impulsado el artilugio de la anulación de la sigla mediante operaciones judiciales y legislativas a la cabeza de Eduardo León y Carmen Eva Gonzales, fieles testaferros bien pagados, acompañados de voceros políticos como el diputado extorsionador Barral, el «Tata Quispe» y otros abogados solícitos, venales y gansters al mismo tiempo. No hay escrúpulo que sirva ni maquillaje que camufle la operación política yanqui en La Paz, Cochabamba o Santa Cruz cuyos encomenderos de turno cobran jugosos estipendios manchados de lodo.

Nada de lo que ocurre en el país es producto de la casualidad. En un acto aberrante, el operador político de los EEUU para el hemisferio occidental y dueño del circo de la OEA, Almagro recibió la visita de Arturo Murillo, ambos de la secta del gatillo fácil, para armar la narrativa de la inviabilidad electoral en Bolivia siguiendo a pie juntillas las decisiones del Departamento de Estado.

Está claro que una convulsión social por la proscripción electoral del MAS le cae como anillo al dedo al régimen para movilizar sus aterradas jaurías de militares y policías a las calles masacrando presuntos sediciosos mientras continúa el festín del robo a escala industrial bajo la complicidad de las sotanas de la iglesia que ha decidido expiar los pecados de las masacres y genocidio del régimen que agoniza.

En la otra orilla del escenario, el periodismo canalla, la empresa mediática corrupta y buena parte de los medios de comunicación imbecilizados por el dinero fácil, acuden y sostienen las mentiras salidas de las entrañas del oprobio para movilizar las brigadas «pititas» y darle apariencia de malestar de calle al cáncer capitalista.

Toda victoria popular entraña una derrota hegemónica del gran capital y Bolivia no es la excepción. Ningún poder hegemónico está dispuesto a ser vencido por las armas o por las urnas. En estos tiempos que corren en los que el sistema dominante tiene graves problemas para sostenerse de pie solo un nuevo Golpe de Estado es capaz de salvarlos de la humillación electoral y su destierro económico.

Resta por lo tanto que los movimientos populares defiendan no sólo su voto y su victoria abrumadora sino también su libertad y la democracia popular y directa.

Las horas del régimen, del golpismo extranjero, de sus aliados criollos y de su impunidad están contadas.

Está llegando de nuevo un tiempo fecundo para dar paso a la liberación de nuestros pueblos y poner fin a la opresión infame de quienes se creen dueños y señores de nuestras vidas y nuestro destino.

El futuro de la Patria depende de la unidad, la lucha y la resistencia popular en las calles y en el campo. Aunque aceche un nuevo golpe sangriento o un nuevo fraude mediático pagado, en el horizonte se vislumbra una victoria histórica e inapelable.


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