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AL ODIO QUE GENERA MIEDO, SE LO FRENA CON SOLIDARIDAD SOCIAL Y CON LA VERDAD

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En el mundo actual, las políticas se desarrollan en un marco de intereses contrapuestos como siempre fue a lo largo de la historia, pero que ha adquirido en éste tiempo el signo de la guerra, es decir la etapa última de la política, que implica la eliminación del enemigo.

Por esa razón el uso del odio como herramienta de construcción de sentido, inculcando en la conciencia popular la concepción binaria amigo- enemigo, hace que en el conjunto del pueblo se generen miedos y rencores, difíciles de desarmar a la hora de la política, que requiere establecer puentes entre diferencias, en un proceso democrático, donde la ecuación vida – muerte esté lejos.
Quienes flamean la bandera del odio, no quieren establecer diálogos políticos, menos aún discutir en términos de los intereses populares o de soberanía y Patria, ya que su estrategia pasa por la eliminación del opuesto, como pasó en cada proceso democrático que llevó al Gobierno a sectores populares, fueron inmediatamente atacados o denigrados a través del conjunto mediático hegemónico, dependiente de políticas atadas a los procesos de financiarización de la economía, en manos de los fondos buitres a nivel internacional.

Los dueños de esos hilos titiriteros, que nunca están en primera fila de la política, menos aún de la lucha de los pueblos por superar etapas tan trágicas como la guerra pandémica, son quienes mueven sus muñecos hacia la dirección de sus intereses, que cuando no son satisfechos por los gobiernos electos, proceden a iniciar un proceso denigratorio destituyente, por diferentes caminos desde parlamentarios a judiciales o militares, según convenga en cada caso, como hemos observado en América Latina a los largo del siglo XXl.

Entonces aparecen como una conciencia compartida y hegemónica las ideas sembradoras de odio, que son minoría en la población, pero amplificadas a niveles ensordecedores, por los megáfonos comunicacionales de los factores de poder, que batallan a diario generando un sentimiento de frustración y de miedo, que baja las defensas de la comunidad en cuanto a sentirse parte de un todo patriótico, colocándola en indefensión ante el discurso único, del relato sesgado. Ese sentimiento de miedo paraliza, angustia y ensombrece cualquier proyecto de vida a futuro.
El Gobierno que fue electo, ante esta situación se sabe en inferioridad de fuerza política, pero sabemos todos que cuando el enemigo emplea la fuerza, nosotros debemos utilizar la habilidad y la inteligencia, para desarmar cualquier ofensiva de fuerzas contrarias.

Para ellos es indispensable en primer lugar, consolidar lo propio, sin fisuras ni dudas en cuanto al rumbo elegido para transitar etapas tan difíciles como una guerra Pandémica, en donde las demandas de todo tipo como en cualquier guerra son legítimas, pero que sólo pueden ser evacuadas en términos precarios.

No hay normalidad de vida en medio de una guerra, se sobrevive como objetivo fundamental, lo demás es accesorio, sin embargo no todos actúan igual, ya que ven en el conflicto la posibilidad de obtener ventajas materiales o políticas, posiciones de poder que no tendrían de otra forma, generando una especie de esquizofrenia social entre quienes luchan y quienes desertan, entre lo colectivo y lo individual, optando por el egoísmo despreciando la solidaridad social compartida de objetivos comunes como pueblo.

Entonces viene bien esa vieja frase de Artigas en la cual él expresaba: “con la Libertad no temo ni ofendo”, que me permito parafrasear en: con La Verdad no temo ni ofendo, que debe ser un eje de la recuperación de los valores en democracia, que es el valor de la palabra empeñada, la decisión del camino dicho, los objetivos esbozados, los sueños encadenados, las esperanzas compartidas, que son instrumentos fortalecidos para enfrentar el envilecimiento de los ejes políticos del odio.
Es recuperar la vida normal, de personas normales, de diferencias compartidas en concepto de Patria, de puentes tendidos antes que de eliminación del “otro”, como objetivo político.
El Gobierno nacional y popular tuvo que transitar dos experiencias novedosas: la primera llegar a gobernar con un Frente que contiene diferencias, pero con el objetivo común del neoliberalismo Nunca Más. La segunda una pandemia en donde todos los países del mundo debieron aprender nuevos códigos, recuperar los Estados como ordenadores sociales, bajar los marcos macro económicos en función de atender las necesidades de los pueblos. No sólo se aprendió sino que se manejó con sabiduría de guerra, en donde cada batalla ganada sólo dura un suspiro, en donde lo importante es vencer al invasor, en éste caso un virus.

En ese camino con humildad y sin rencor, pero con la firmeza y determinación necesarias de llevar adelante las luchas que implican derrotar el pesimismo y la baja estima que intentan imponernos, desde un colonialismo neoliberal que atrasa la historia, nos encaminamos a reconstruir una Patria Matria popular, latinoamericana, soberana, que enamore a los seres humanos y la naturaleza nuevamente, en un modelo social solidario biocéntrico, que nos devuelva el orgullo del Ser Nacional Latinoamericano.

JORGE RACHID
PRIMERO LA PATRIA


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