LA HISTORIA DE MARCELA SOLSONA SÍNTORA, nieta recuperada #129 Contada por las ABUELAS DE PLAZA DE MAYO, cómo se reconstruyen los vínculos en la actualidad para la familia Solsona Síntora

Compartir este artículo

Marcela Solsona Síntora recuperó su identidad hace dos años.

El banco nacional de datos genéticos de Argentina, informó el resultado a la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad y a #Abuelas y allí se desplegaron los mecanismos para dar a conocer la feliz noticia.

Marcela es hija de Norma Síntora, desaparecida el 22 de mayo de 1977, embarazada de 8 meses. Y de Carlos Solsona, que al momento de la desaparición de su compañera se encontraba fuera del país esperando que ella, Marcos el hijo mayor de ambos y el bebé que esperaban, llegaran al exilio. Pero nada de eso ocurrió. Marcos afortunadamente pudo criarse con sus abuelos en Córdoba, pero Norma fue desaparecida, dio luz en cautiverio y su bebé fue apropiada.

Carlos desde el exterior y ambas familias buscaron desesperadamente a Norma y su bebé. De Norma solo se supo que estuvo detenida en Campo de Mayo. A Marcela la encontramos a sus 42 años, viviendo en España.

Carlos formó una nueva pareja y tuvo otro hijo, Martín, los tres residen actualmente en Uruguay. El encuentro de la familia fue luminoso: Marcela conoció a sus hermanos y a su papá y desde entonces, con visitas, llamadas y videollamadas van reconstruyendo el vínculo que la dictadura quiso borrar.

Nuestros nietos y nietas pueden estar residiendo en cualquier rincón del mundo.
Si dudás de tu identidad o tenés información sobre un posible hijo o hija de desaparecidos, comunicate con Abuelas o con sus redes en las provincias y en el exterior. También con los consulados. #AnimateADarElPaso 

El 24 de marzo de 1976 las Fuerzas Armadas se adueñaron del poder en la Argentina por medio de un golpe de estado. El régimen militar, que se autodenominó “Proceso de Reorganización Nacional”, desapareció a 30.000 personas de todas las edades y condiciones sociales. Centenares de bebés fueron secuestrados con sus padres o nacieron durante el cautiverio de sus madres embarazadas.

En la ESMA, Campo de Mayo, Pozo de Banfield y otros centros de detención de la dictadura, funcionaron verdaderas maternidades clandestinas, incluso con listas de matrimonios en “espera” de un nacimiento, y unos 500 hijos de desaparecidos fueron apropiados como “botín de guerra” por las fuerzas de represión. Algunos niños fueron entregados directamente a familias de militares, otros abandonados en institutos como NN, otros vendidos. En todos los casos les anularon su identidad y los privaron de vivir con sus legítimas familias, de sus derechos y de su libertad.

Nada ni nadie detuvo a las Abuelas de Plaza de Mayo para buscar a los hijos de sus hijos. Tareas detectivescas se alternaban con diarias visitas a los juzgados de menores, orfanatos, oficinas públicas, a la vez que investigaban las adopciones de la época. También recibían las informaciones que la sociedad les hacía llegar sobre sus posibles nietos.

Las Abuelas siguen buscando a sus nietos, hoy adultos, pero también a sus bisnietos -que, como sus padres, ven violado su derecho a la identidad-, y con esta finalidad trabajan los equipos técnicos de la institución, además de crear las condiciones para que nunca más se repita tan terrible violación de los derechos de los niños y exigir castigo a todos los responsables de estos gravísimos delitos.

Fuente: www.abuelas.org.ar

 


Compartir este artículo

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *